Con mi inseparable navegante,Luisa, recorrimos las costas portuguesas aun casi vírgenes y pudimos ser la envidia de los usuarios de barcos que arribaban a la Isla de Tavira. Nosotros nos ahorramos 6 euros en barco y nuestro parapente nos posaba en la misma arena de la playa. En Lagos, el espectáculo estaba garantizado: los quebrados y acantilados dejan al visitante sin aliento...
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